Cosmología del Plasma

Vivimos en un Universo Eléctrico, que se manifiesta desde nuestro ADN hasta las más lejanas galaxias

La Luna antípoda

La Luna

La Luna antípoda

por Andrew Hall

La ciencia se ha desconcertado con la Luna más que con ningún otro cuerpo del espacio. Es el único lugar donde la humanidad ha caminado y de donde ha traído de vuelta una tonelada de rocas. Y aun así, algunas de sus características desconciertan hoy a los científicos casi tanto como el día en que descubrieron que no estaba hecha de queso.

La gran pregunta es: ¿por qué son tan distintas la cara cercana y la cara oculta?

La Luna está anclada gravitacionalmente a la Tierra (rotación síncrona) y, por eso, siempre presenta el mismo lado hacia nosotros. La cara cercana está dominada por los suaves y oscuros "mares" (maria), que parecen resultado de enormes impactos que dejaron mares de magma. La cara oculta, en cambio, tiene poco mar y está repleta de muchos más cráteres.

Corteza lunar

La corteza de la cara cercana tiene solo 60 km de grosor, cubierta por 3 a 5 km de regolito —el polvo y roca pulverizados, similares al hormigón, que forman la capa superficial lunar—.

La cara oculta es mucho más gruesa; tanto, que se cree que es la causa de un desplazamiento significativo del centro de masa de la Luna.

La corteza de la cara oculta tiene 100 km de grosor, cubierta por 10 a 15 km de regolito, y está tan densamente cubierta de cráteres que a menudo se superponen.

Intensidad del campo magnético en la Luna
Intensidad del campo magnético en la Luna

Cabe destacar también que la Luna presenta un magnetismo remanente que sigue exactamente el mismo patrón de contraste antípoda entre la cara cercana y la oculta. Las zonas de mayor contraste en grosor cortical y magnetismo se desvían muy al norte en la cara cercana, y muy al sur en la cara oculta. Se oponen directamente entre sí.

La teoría estándar ha cambiado a lo largo de los años al intentar explicar la naturaleza antípoda de la Luna. En su momento, se sostenía que la Tierra protegía a la cara que nos mira de los impactos. Esa teoría se sostuvo hasta que un análisis estadístico mostró que el diminuto diámetro de la Tierra en relación con la órbita de la Luna no podría haber bloqueado más del 1% de los asteroides entrantes... apenas perceptible, y desde luego insuficiente para explicar la diferencia en densidad de cráteres.

Hemisferio oriental de la Luna
Hemisferio oriental de la Luna, cara cercana a la izquierda

El pensamiento científico actual sostiene que la Luna se creó cuando un cuerpo del tamaño de Marte colisionó con la Tierra, desprendiendo restos que se fusionaron formando la Luna en órbita terrestre hace más de 4.500 millones de años. Un periodo de intenso bombardeo dejó después la mayoría de los cráteres de impacto y un interior fundido, hace unos 3.900 millones de años.

Posteriormente, el vulcanismo llenó de lava las cuencas de impacto de la cara cercana, a través de grietas en la corteza más delgada, solidificándose para formar los mares lunares hace unos 3.200 millones de años. La cara oculta, al tener una corteza más gruesa, experimentó mucho menos flujo de lava, preservando así sus cráteres.

Otra teoría popular propone que, como la Tierra era una masa fundida de roca en la época del bombardeo inicial, su resplandor infrarrojo y las fuerzas de marea calentaron lo suficiente la cara cercana de la Luna como para retrasar su solidificación en roca sólida. La cara oculta se enfrió mucho más rápido, preservando los cráteres dejados por el bombardeo temprano.

Cada una de estas teorías intenta explicar la diferencia en densidad de cráteres recurriendo a la gravedad, pero ninguna aborda por qué la corteza de la cara oculta es más gruesa, para empezar. Un modelo gravitatorio predeciría que el centro de masa de la Luna debería mirar hacia la Tierra. Algunos han especulado que la Luna "se dio la vuelta" entre el bombardeo y el fin del vulcanismo lunar, aunque no se ha aceptado ningún mecanismo que pudiera causar eso.

La comunidad del Universo Eléctrico también tiene teorías para explicar las dicotomías lunares. El enfoque que utiliza empieza formulando más preguntas, para tener perspectiva sobre el problema.

Resulta curioso que la densidad de cráteres entre la cara cercana y la oculta no sea ni de lejos tan marcada como la densidad de cráteres en los polos. A continuación se muestran los polos norte y sur, y las caras cercana y oculta, para comparar. Apenas se menciona, si acaso, que esta anomalía existe en las teorías estándar, y mucho menos se explica.

Polo norte lunar
Polo norte de la Luna (una de las cuatro vistas comparadas en el artículo original: polo norte, polo sur, cara cercana y cara oculta)
Cara cercana de la Luna
Cara cercana de la Luna
Cara oculta de la Luna
Cara oculta de la Luna

Otra forma de avanzar es mirar un cuadro más completo. Por ejemplo, ¿cómo son otros planetas y lunas? Marte también presenta rasgos en espiral en sus polos, como muestran los casquetes de hielo polares del norte y del sur. Aunque el remolino es evidente en el hielo, es un rasgo profundamente esculpido en la roca subyacente.

Polo sur de Marte
Polo sur de Marte
Polo norte de Marte
Polo norte de Marte

¿Empieza a aparecer un patrón? Un vistazo al grosor cortical y a la densidad de cráteres de Marte muestra también similitudes. La densidad de cráteres es también antípoda, alternando entre hemisferios lisos y llenos de cráteres. La densidad cortical y el magnetismo remanente de Marte siguen los mismos patrones.

También es evidente que el magnetismo remanente coincide con los oscuros depósitos en espiral del hemisferio sur, de forma similar a como el magnetismo de la Luna coincide con los rasgos de su superficie. Al igual que en la Luna, los rasgos antípodas de Marte están en oposición directa.

Marte, comparación de hemisferios

Aunque hay menos datos disponibles, otros planetas y lunas muestran rasgos similares: Mercurio, Calisto, Encélado, Tritón y Plutón tienen todos un lado liso y otro con tierras altas densamente cubiertas de cráteres.

Comparación de lunas y planetas con rasgos antípodas

La demarcación suele ser muy marcada, como ejemplifica la foto siguiente de una cadena de cráteres que cruza los límites en Ganímedes.

Cadena de cráteres en Ganímedes
Una cadena de cráteres que se salta el límite en Ganímedes

Un enfoque científico debería intentar abordar estas similitudes de forma holística, buscando una causa y un efecto comunes.

La metodología estándar explica las anomalías geológicas invocando un gran cuerpo de masa para introducir algo de gravedad catalizadora en la explicación. Según el pensamiento convencional, el grosor cortical antípoda en Marte es el resultado de un impacto oblicuo que arrancó corteza del hemisferio norte al principio de la historia marciana. Como el impacto golpeó al planeta rojo de refilón, no se fundió toda la corteza, dejando la corteza norte más delgada que la sur.

Pero las teorías del impacto siguen dejando a los geofísicos con el problema de explicar por qué tanto la Luna como Marte están magnetizados en un solo hemisferio. Según la teoría más reciente, el magnetismo remanente es resultado de una antigua corriente de dinamo procedente de interiores fundidos. Ni la Luna ni Marte tienen hoy un núcleo-dinamo activo.

En la Luna, la teoría del dinamo se basa en un núcleo fundido en circulación tras la formación lunar. Dejó una huella magnética que después se borró en un hemisferio, cuando este se refundió tras el intenso bombardeo.

Por desgracia, la edad de la roca magnetizada implica que el dinamo lunar tuvo que seguir funcionando hace unos 3.700 millones de años, unos 800 millones de años después de la formación de la Luna. Eso es más tiempo del esperado para que la circulación natural enfriara el interior fundido. El pequeño núcleo lunar debería haberse enfriado en unos pocos cientos de millones de años. Así que ahora, los científicos planetarios buscan más fuerzas gravitatorias para mantener en marcha su modelo del dinamo.

En el caso de Marte, nunca se ha entendido por qué el hemisferio norte marciano prácticamente no tiene campo magnético. La evidencia sugiere que el efecto es un rasgo antiguo que debería haberse formado antes de que el dinamo se apagara, y bastante después del supuesto impacto. Por tanto, debería estar magnetizado.

Se han considerado varias teorías ad hoc: quizá el norte perdió su magnetismo en presencia de agua, o quizá hubo impactos después de que el dinamo se apagara que borraron el magnetismo del norte. Más recientemente, se propuso que los impactos crearon temperaturas diferenciales que permitieron que se formara un dinamo de un solo hemisferio, magnetizando solo la mitad sur del planeta.

Se han propuesto más teorías ad hoc con cuerpos masivos desconocidos implicados, mientras la ciencia contemporánea intenta explicar estas cicatrices encontradas en Venus, Ganímedes, Europa, Caronte y Dione. Quizás un pincel gravitatorio...

Cicatrices planetarias en varios cuerpos del sistema solar

La evidencia sugiere que todos estos planetas y lunas sufrieron severas descargas eléctricas por el contacto cercano con lunas y planetas vecinos durante su creación, cuando la dinámica orbital del sistema solar era distinta.

Podría contarse una historia eléctrica revisada. Las regiones polares experimentaron eventos de corriente ciclónica, similares a la aurora polar terrestre —aunque muchos órdenes de magnitud más energéticos— procedentes de un cuerpo cercano con carga distinta.

Los cráteres y remolinos fueron el resultado de la descarga eléctrica y la erosión catódica en un polo, que fue desgastando la superficie. El polo opuesto experimentó descarga eléctrica con acumulación anódica de material, formando una cúpula, atrayendo materia del planeta cercano, además de arrastrar polvo del polo que se erosionaba.

A medida que la corriente entre los cuerpos se acumulaba en los polos, recorría la superficie y el interior, buscando canales conductores donde cortocircuitar. El polvo ionizado creó una espesa atmósfera de plasma, y se produjeron descargas súbitas que recorrieron las latitudes medias, dejando cicatrices en la cara del planeta.

El mismo efecto puede observarse hoy, a una escala mucho más sutil, en la Tierra. Las auroras polares ilustran corrientes solares que penetran en la atmósfera, y el cinturón continuo de tormentas eléctricas a lo largo de las latitudes ecuatoriales muestra diferenciales de carga que se acumulan y se descargan en forma de violentos rayos. El clima y los efectos sísmicos y volcánicos aumentan y disminuyen con la corriente solar.

Relieve cortical de Marte
Relieve cortical de Marte

Las fuerzas electromagnéticas naturales en láminas de corriente en forma de arco diferencian los potenciales de carga, erosionando catódicamente un hemisferio, mientras depositan anódicamente material magnetizado en el otro. Esto ordena el material y lo deposita preferentemente en el tipo de disposición desconcertante que en realidad se observa correlacionada con estos rasgos.

Estas corrientes energéticas construyeron montañas, levantaron ampollas volcánicas y vientos eléctricos tornádicos; fundieron el lecho rocoso y dejaron cráteres, coladas de lava, valles sinuosos (rilles) y cañones: las cicatrices de tremendos rayos. El polvo y los escombros que cubrieron un hemisferio atraparon gases que estallaron a través de las capas de polvo, añadiendo cráteres simples y conos a una ya caótica disposición de cicatrices de rayos e impactos de escombros caídos.

Estos procesos continúan incluso hoy. Mercurio, Marte, la Luna, los cometas e incluso asteroides lejanos como Ceres muestran un desgaste eléctrico continuo, chorros de descarga luminosa y colas de material iónico en respuesta a la corriente solar.

La evidencia no está solo en estos rasgos a gran escala, sino en cada nivel de detalle. A continuación hay varios ejemplos de rasgos planetarios anómalos que pueden explicarse eléctricamente, sin caer en contradicciones ni forzar las probabilidades, la física o la imaginación.

Más rasgos planetarios anómalos

Queda mucho trabajo por hacer para entender la física de la formación del sistema solar, su contexto temporal, y la dinámica orbital que causó los eventos que dieron lugar a los tipos de morfología que vemos hoy. Construir modelos y ecuaciones para definir mejor las causas primeras es donde está la dificultad.

Como la teoría del Universo Eléctrico ofrece un enfoque interdisciplinario y holístico, hay más evidencia en la que apoyarse. Eventos de intercambio eléctrico planetario han quedado registrados en la historia de la humanidad. Los eventos presenciados de Marte y Venus en un abrazo electromagnético, y sus consecuencias aquí en la Tierra, quedaron registrados en la mitología que colectivamente se conoce como Rayos de los dioses. Dave Talbott explica este aspecto del registro histórico en la serie "Discursos sobre un cielo alienígena".

Lo antípoda es un tema constante en la morfología planetaria de todos los planetas rocosos y lunas. La naturaleza dipolar inherente al electromagnetismo, desde la escala subatómica hasta la cósmica, produce fuerzas inmensas. No crea solo planetas y lunas, sino estrellas, galaxias y el Universo Eléctrico entero.

La Tierra girando
Continentes... sin continentes... continentes...

[Traducido y adaptado por metahistoria.org a partir del artículo «The Antipodal Moon», de Andrew Hall (fuente: thunderbolts.info). Salvo que se indique lo contrario, todas las imágenes cortesía de NASA, JPL y ESA.]